Bajo la escena de dos cuerpos en plena manifestación de terneza,
un lecho como testigo,
la oscuridad amenazando las escasas entradas de luz,
. . . la voz y la piel los únicos emisores
Bajo el hechizo de un cúmulo de caricias, susurros y risas;
Hay una pausa que permite el charlar hasta que los cuerpos vencidos por el estupor del sueño
dejan que las caricias continúen en el subconsciente. . .
en el paraíso de los sueños
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